martes, 12 de febrero de 2013

Cap VI

Cap VI
Llegada

Después de varios días que transcurrieron con normalidad… Despertarse, comer, cumplir con las órdenes paternas, ir a la habitación de fotos en donde miraba la del hombre hasta que las preguntas que rondan por mi mente me causaban fatiga y tenia que irme a dormir… Esto me esta afectando demasiado…
Llegamos a Rishmero.
Podía escuchar el murmullo de gente que se movía apresuradamente por todo el barco, preparando todo para la expedición… Como gritaban ‘’Apúrate’’ o… ‘’¡Listo!’’ pero todo eran apenas murmullos… Yo aun estaba en cama, agotada y con los ojos abiertos fijos en las lejanas ventanas… Bueno, no estaban tan lejos, pero para mí, en ese momento, era así.
Con un quejido somnoliento, me puse de pie y con un gran bostezo, camine hasta el baño en donde me arregle velozmente… Nunca le he dado gran importancia a mi aspecto… Así que me limite a desenredar la maraña negra que era mi cabello luego de bañarme… Perfumarme un poco con el agua de colonia que me regalo mi madre para dejar en claro que si apreciaba sus regalos… Aunque nunca los he visto necesarios.
Tome una mochila y mi maleta, me vestí con una ropa cómoda… Estoy segura que durante toda la expedición usaría la misma, aunque sea poco higiénico, mis padres no perderían tiempo con cosas como cambiar de vestimenta o acicalarse. Una blusa azul zafiro que me había regalado Kevin y tiene un graffiti en una esquina inferior, unos shorts jeans negros y las botas cafés.
En la mochila, guarde cosas, que, ante mis ojos, son de importancia. Una cámara fotográfica, una chaqueta negra, una botella de agua la cual tuve que ir a llenar, unas galletas saladas, una libreta de notas y fósforos. Nada excepcional.
Finalmente salí del camarote, un tanto cabizbaja… No es por tristeza, ni timidez ante tanta gente correteando de un lado a otro… Sencillamente, es porque estoy pensando.
-Rodrigo- Llame a un hombre que caminaba de un lado a otro, a uno de los muy poco que conocí de decir mas que ‘’Buenos días’’ En el barco. Se que es un geógrafo, especializado en la edafología. Pero no he indagado más al respecto de su vida.
-Liz- contesto el al saludo, retirando su mirada de la lectura y mirándome a mi.
Camino hacia donde yo estaba y nuevamente, esa sensación de ser una pequeña hormiguita ante un gigantón de no se cuantos metros,Rodrigo es alyo y debería tener unos veintinueve, treinta años. Cabello castaño al igual que sus ojos, facciones afables y simpáticas… Tiene cierto aire paternal, a pesar de que, según se, no tiene hijos… ni siquiera esta casado.
-¿No dormiste?- me pregunto en tono de reproche… No, no había dormido bien, demasiadas ansias.
- No… Pero por lo visto, tú tampoco- Lo note en las oscuras medias lunas bajo sus ojos.
- Bien…Ganaste- Me despeino.
Rodrigo en estos días, se ha convertido en lo que se llama, un padre, para mi… pero un verdadero padre.
-Siempre gano- Dije con aires arrogantes y luego le sonreí. El me miraba con expresión seria, como intentando parecer severo… Aunque termino sonriendo también- ¿Sabes donde están Marion y Santiago?- pregunte.
- Liz ¿Te cuesta tanto llamarlos mamá y papá?- siempre me riñe por llamarlos por sus nombres.
- Si, me cuesta- Conteste y el suspiro.
- Afuera, te están esperando.
- Gracias- Chille mientras corría hacia la cubierta.
¿Cómo es Rishmero? Me preguntaba constantemente… ¿Una selva? ¿Una islita? Mis padres no quisieron decirme nada en todo el viaje.
Al hallarme finalmente en la cubierta… Bueno… Rishmero es totalmente diferente a lo que pensé…
La tierra, perdón, me corrijo, no es ni siquiera tierra… Es algo parecido a una piedra color negro ceniza, desnivelada; el viento trae consigo polvo negro que descansa sobre el suelo, el sol brilla con fuerza y el calor es realmente inaguantable…Lo único atractivo es un templo… Quiero decir, lo que a la distancia en la que yo me encuentro parece un templo en medio de un paisaje desierto e inhabitable, luce antiguo… Y también carente de vida… Pero algo me grita ‘’¡¡¡Aventura!!!’’
No hay plantas, ni animales, ni siquiera aves o peces…
Antes de ponernos en marcha se decidió almorzar ahí mismo, en esa pobre tierra, como una especie de picnic. Mi madre parecía un poco incomoda ante la idea de ensuciarse con el hollín de la tierra, pero lo escondió con una de sus forzadas sonrisas.
Ellos se perdieron en su conversación y yo comí lo que sirvieron jugando con esa cosa viscosa, que, supuestamente, es avena.
-Liz, deja de jugar con la comida- me riño mi madre y yo asentí lentamente.
- No tengo hambre- Dije finalmente dejando los que restaba en el plato…
Luego luche contra el calor, intentando no sofocarme… Estoy muy acostumbrada al clima frío de donde vivo. Juro que estaba por desmayarme y ni siquiera estaba sudando.
-Liz, anda al agua y refréscate un poco- Aconsejo mi padre.
-Si, la temperatura de Rishmero es muy elevada y en especial para alguien que ha vivido en un lugar cuyo clima es frío, como tú…- Mi madre se abanicaba con una mano.
Me puse de pie, sacudí la ceniza de mi ropa y justo cuando estaba por ir…
-¡Liz aguarda!- exclamo mi madre.
-¿Qué sucede?- pregunte un tanto confundida.
-Ten- dijo rebuscando en su bolsa, luego me entrego una cajita muy elegante- Es un regalo que no te dimos en casa- aclaro mi duda con una sonrisa tan típica de ella, forzada.
-Gracias- Tome lo que ella me entregaba.
Abrí la cajita con extremo cuidado para encontrarme con una pulsera muy peculiar, de color lila, que tiene un colgante cuya forma era un símbolo egipcio… Lo he visto en otra parte aunque ahora… No recuerdo donde.
Brillo de forma peculiar, me causaba tal familiaridad… Repentinamente, regreso a la realidad y me despido de mi ensimismamiento. Lo guarde nuevamente en la cajita, la cual guarde en mi mochila.
-La conseguimos en…-Empezó a relatar Marion.
- Marion, déjale, ¿no ves que se nos desmayara aquí mismo si no toma un poco de aire?- Interrumpio Santiago, quien, a mi parecer, se encontraba ansioso porque yo me fuera.
- Ya, no exageres Santiago.
Mi padre sacudió su mano, dando a entender que podía retirarme.
Camine al mar mirando a mí alrededor, buscando entretenerme con algo más que con el sofocante calor. Pero, no hay nada más que la triste y algo melancólica carencia de vida.
Al llegar, vi a un chico, más o menos de mi edad… Tal vez un año mayor, luce demasiado joven como para trabajar en el barco.
Lo contemple en silencio… Como el sol se refleja en sus cabellos caramelos, como sus ojos de un verde oliva no se desconcentran de su ocupación, como su contextura de chico fuerte le hace más atractivo, su piel bronceada… Pero bronceada naturalmente…
Finalmente, se percato de mi presencia y esbozo una sonrisa dejando ver sus blancos dientes sin imperfecciones.
Yo no me ruborice ni nada por el estilo, si no que actúe neutralmente.
-Hola, soy Liz, Liz Kimble y tu…-me presente esperando que el terminase la oración, intentaba entablar una conversación.
-Todo el mundo te conoce- contesto el con una sonrisa enigmática-Yo soy Steve, Steve Rivers…

No hay comentarios:

Publicar un comentario